Se clasifican en tres grupos:
1.- Operaciones del producto: características operativas
– Corrección (¿Hace lo que se le pide?)
El grado en que una aplicación satisface sus especificaciones y consigue los objetivos
encomendados por el cliente
– Fiabilidad (¿Lo hace de forma fiable todo el tiempo?)
El grado que se puede esperar de una aplicación lleve a cabo las operaciones
especificadas y con la precisión requerida
– Eficiencia (¿Qué recursos hardware y software necesito?)
La cantidad de recursos hardware y software que necesita una aplicación para realizar
las operaciones con los tiempos de respuesta adecuados
– Integridad (¿Puedo controlar su uso?)
El grado con que puede controlarse el acceso al software o a los datos a personal no
autorizado
– Facilidad de uso (¿Es fácil y cómodo de manejar?)
El esfuerzo requerido para aprender el manejo de una aplicación, trabajar con ella,
introducir datos y conseguir resultados
2.- Revisión del producto: capacidad para soportar cambios
– Facilidad de mantenimiento (¿Puedo localizar los fallos?)
El esfuerzo requerido para localizar y reparar errores
– Flexibilidad (¿Puedo añadir nuevas opciones?)
El esfuerzo requerido para modificar una aplicación en funcionamiento
– Facilidad de prueba (¿Puedo probar todas las opciones?)
El esfuerzo requerido para probar una aplicación de forma que cumpla con lo
especificado en los requisitos
3.- Transición del producto: adaptabilidad a nuevos entornos
– Portabilidad (¿Podré usarlo en otra máquina?)
El esfuerzo requerido para transferir la aplicación a otro hardware o sistema operativo
– Reusabilidad (¿Podré utilizar alguna parte del software en otra aplicación?)
Grado en que partes de una aplicación pueden utilizarse en otras aplicaciones
– Interoperabilidad (¿Podrá comunicarse con otras aplicaciones o sistemas
informáticos?
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